Hay quien te ignora hasta agotarte o te ataca mintiendo para aplastarte. Confiar en términos absolutos es peligroso, pero lo contrario también, porque la línea entre la lucidez y la paranoia es muy fina. Aun así, entre las tinieblas hay un punto de claridad: a la luz todo son polillas.
Hoy comparto algunas técnicas de manipulación emocional que, en mi experiencia, pasan muchas veces desapercibidas pero son más frecuentes de lo que nos pensamos. El fraude, emocional o económico, tiene características parecidas y se resume en una frase: el fin justifica los medios. No hablo de los errores que todas las personas cometemos en algún momento de nuestras vidas, sino de una intención de ganar haciendo trampas sostenida en el tiempo.
Hay personas sin ninguna conciencia moral, seres humanos más fríos que un congelador, pero según los datos estadísticos son un tanto por ciento muy bajo. Lo que me pregunto es qué pasa con ese gran porcentaje que está en el limbo de lo que está bien y de lo que está mal. La diferencia se siente fácil y sencilla: quien ha cometido un error quiere una solución de buena fe, y quien manipula con conductas pasivo-agresivas o agresivo-agresivas sabe muy bien lo que hace. Es un patrón de conducta: te ignoro hasta agotarte o te ataco mintiendo para aplastarte.
"Confiar en términos absolutos es peligroso, pero lo contrario también."
Las técnicas
El silencio administrativo. Me escribes para llegar a un acuerdo y no te respondo. Me vuelves a escribir o me llamas, y ni caso, yo como un muro. El sentido es agotarte, quemarte y frustrarte hasta apagar tu voz, tu criterio, tu luz. Ignorar a un ser humano es una forma pasiva de matarla. En entornos laborales es una forma de acoso donde la persona acaba en depresión.
Ladrones de energía y de tiempo. Una forma de ponerte por debajo de mí. Pretenden hacerte de día la noche y juegan a confundirte: un simple trámite o gestión lo complican como un ovillo de hilo, y hacen difícil lo que es sencillo. Después se hacen el tonto o la tonta, riéndose sutilmente en tu cara. Cuando reclamas, no saben de qué hablas o te sugieren que te lo inventas, y eso sí, te hacen demostrar lo que dices, porque se cree el ladrón que todos son de su condición. Son personas con conductas muy enfermas pero funcionales, sin que muchas personas las perciban.
El chisme. Otra expresión de fraude emocional y otra forma de devaluar a la persona: chismorrear en tu cara o ignorarte para ver qué haces. Hay quien, cuando llega al límite y explota, queda en evidencia atacando su salud mental.
La persona hipócrita. “¿Qué necesitas, en qué podemos ayudarte?”, pero cuando lo expresas con claridad: “ah no, eso no”. Y mientras, un tercer grado a lo FBI, pero a lo Mortadelo y Filemón sin tanta gracia. ¿Qué tipo de cinismo es ese? La ayuda honesta se siente sencilla y genuina, fluye fácil y las palabras acompañan a la verdadera intención. Quien quiere o puede ayudar lo hace. La finalidad aquí es quedar bien con la persona, pero el verdadero rostro es el que no muestra.
El cinismo descarado. Manipulan tus palabras de manera expuesta. Barra libre.
El apalancamiento energético, el parásito viviente. Tú trabajas de manera honesta, transparente y sincera, con tus aciertos y errores, pero yo me apalanco en tu marca o te robo por la jeta tus ideas. A cualquier miseria le llamamos inspiración. Las redes sociales arden de casos pequeños, medianos y grandes, incluso en seres de luz que vibran en la oscuridad, cuando mi codicia supera mi amor por el prójimo.
Ejemplos de conductas pasivo-agresivas: hacerte esperar una hora en la sala de espera sin respetar tu tiempo ni tu espacio, acordar una llamada para darte unos resultados y no hacerla, caso omiso cuando llamas y se acuerda para otro día sin resultado, aunque sea un resultado de salud, y hacerte esperar media hora más mientras insisten en que te han llamado y te tratan de mentirosa. Resumen: más de mes y medio para unos resultados.
La reflexión
Hay seres humanos que están por dentro vacíos, y ese vacío, si no lo sabemos detectar, puede actuar como ladrón emocional: genera confusión, ira y frustración, activando nuestra parte más sombría. Vivimos en una sociedad en la que confiar en términos absolutos es peligroso, pero lo contrario también, porque la línea entre la lucidez y la paranoia es muy fina. No todo es blanco ni negro, hay muchos intermedios. Somos seres sociables y nos necesitamos los unos a los otros, pero qué difícil es convivir sin cometer errores y confiar en personas que nos traicionan a través de alguna forma de manipulación o estafa a caso hecho, y siguen sin remordimiento alguno.
En el mundo de la conciencia espiritual se dice que todas estas personas son nuestro reflejo, nuestra sombra, y que en ese juego de espejos también estamos nosotros. Reconozco que es una teoría muy loca, pero la doy por buena como hipótesis. Entonces diría que yo también soy una estafadora, manipuladora, agresiva pasiva, agresiva agresiva, mentirosa, obsesiva compulsiva, con signos evidentes de maldad.
Y así vamos: entre las tinieblas hay un punto de claridad. Como dice el refrán, a la luz todo son polillas. Demasiado exagerado para ser verdad o mentira. Tú, ¿qué opinas?