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Reflexiones sin prisa · Septiembre 2026

Lo que hoy llamo Almaterapia

Por Encarna Delgado Cañada

Empecé a ejercer como terapeuta mucho antes de tener el título que tengo hoy. De joven, siendo educadora social, viví una experiencia que marcó mi camino: acompañé a un grupo de pacientes durante una ausencia temporal de la profesional que los llevaba. Cuando ella volvió, los pacientes no quisieron regresar. Preferí devolver las llaves antes que quedarme en un lugar donde no me respaldaron, aunque la propia profesional quería que yo continuara.

Ese fue el primer indicio de algo que los años han confirmado: lo que ofrezco no depende de una técnica aprendida de memoria, depende de cómo leo a las personas y de cómo oriento sus problemas hacia soluciones concretas.

Hoy, cuando alguien llega a una sesión de Almaterapia, no empezamos hablando de teoría: empezamos por un miedo o un bloqueo concreto que esa persona trae ese día. Durante la sesión, identificamos con precisión de dónde viene ese miedo y qué lo sostiene. La persona no se va con una reflexión abstracta, se va con ese punto concreto resuelto o mucho más ligero — y eso se puede notar físicamente, no solo pensarlo. No es un proceso indefinido: se trabaja un objetivo por sesión. Cuando ese objetivo está resuelto, en la siguiente pasamos al siguiente.

Llevo diez años ejerciendo como terapeuta, y el método tal como lo aplico hoy —esa mezcla concreta de intuición y conocimiento que da como resultado una transformación emocional en el momento— se ha ido afinando de forma progresiva a lo largo de ese camino. Viene de mi formación en inteligencia emocional y educación, pero también de mi propio recorrido vital: de haber atravesado dificultades reales y haber tenido que encontrarles salida.

"Lo que hoy llamo Almaterapia es el resultado de esos años de trabajo real con personas, no una teoría pensada desde fuera."

Quienes acuden a consulta pagando, con expectativas altas y poca paciencia para vaguedades, son quienes más lo han valorado — y son los más difíciles de convencer sin resultados reales. Y lo que lo valida no es ninguna explicación, es que se repite: la gente sale distinta a como entró.

— Encarna