Hoy me vengo por aquí con una pregunta al aire: ¿somos los seres humanos benignos o malignos por naturaleza? Antes de que alguien me diga «pues depende», voy a plantear algunas hipótesis o situaciones que, sin sentar cátedra sobre nada y con un alto riesgo de no ser rigurosa, me voy preguntando en función de las experiencias de vida. Pero vamos por partes, que en este tema hay mucha tela que cortar o hilo que hilvanar.
Hasta donde sabemos, con los pies en la tierra, ninguna persona elegimos el lugar en donde nacemos. Todos tenemos un origen y, en la infancia, somos vulnerables a nuestros adultos: padres, hermanos, abuelos, profesores, vecindario, comunidad y un largo etcétera de personas que nos rodean en nuestro día a día y con las que interaccionamos de alguna manera. A estas alturas del conocimiento, sabemos que nuestros adultos nos condicionan de muchas formas, pero ¿qué hace que personas con infancias no muy cómodas sean seres humanos que, en su adultez, se decanten hacia el bien y que otras, en cambio, sin haberlo tenido tan difícil, no lo hagan?
Y en este punto hay muchos grises, porque también nos encontramos con personas que lo han pasado muy mal y que después se convierten en una extensión de lo que vivieron, y otras cuyas vidas son tibias a nivel moral, pero no andan jorobando ni haciendo daño intencionadamente a los demás.
La maldad y la bondad son cuestiones que nos planteamos desde hace miles de años. ¿Quién no conoce el beso más traicionero de la historia? Además, la metáfora del beso da mucho de sí para reflexionar, porque los besos son, en nuestra sociedad occidental, un signo de amor, pero, paradójicamente, también de traición. ¡Y cuánto duele la traición! Duele porque hay confianza, vulnerabilidad y un sentimiento de amor que no es correspondido de igual manera. El amor como algo que se puede instrumentalizar. Y así actúan personas que tienen una baja conciencia moral y carecen de una empatía emocional genuina.
Desde hace algunos años, en las redes sociales se ha puesto de moda hablar del narcisismo y de la psicopatía. El mundo del cine ha dado grandes obras maestras con estas temáticas. Son los personajes antagonistas de grandes, pequeñas o medianas historias. En el mundo de la animación también aparecen. Quienes tenemos más de cincuenta años recordamos a la malvada araña de la serie La abeja Maya.
La malicia muchas veces es admirada, sobre todo si lleva a la persona al éxito o se manifiesta como una forma de liderazgo en puestos de responsabilidad, poder o decisión. En cambio, la bondad está denostada para muchas personas. Es sinónimo de una especie de tonto emocional del que es fácil aprovecharse, a quien es fácil instrumentalizar o manipular mediante triangulaciones.
Los personajes malvados y oscuros se ven a mil leguas, por lo que es relativamente más sencillo detectarlos a tiempo para alejarse de ellos. Pero hay otros muy complejos de desenmascarar, como los hipócritas sociales o incluso aquellos que cumplen las normas para aplastar a personas que no están en igualdad de condiciones o a las que ven vulnerables.
¿Quién no recuerda al personaje de la enfermera Ratched, que controla a los pacientes del hospital a través del miedo y la manipulación, fría y calculadamente? La perversión malévola también encuentra su espacio o su lugar en las instituciones donde, a priori, se cuida a las personas.
Mi experiencia es que la sombra de la maldad la podemos encontrar en cualquier sitio, situación o persona donde menos lo imaginamos. A veces está detrás de personas que consiguen grandes éxitos y, en cambio, otras veces se encuentra en personas que pasan desapercibidas.
"Cuando estamos conectados con nuestro corazón y con nuestras emociones genuinas, estamos vivos."
El signo inequívoco es el tiempo y las acciones. Estas últimas hablan por sí mismas. Encontrarse con ciertas personas y no alejarse a tiempo, antes de que nos afecten emocionalmente, puede ser muy duro, porque son maestras o maestros del ilusionismo del terror. Son personas expertas en tergiversar situaciones y confundirte, creando atmósferas de las que después se van a aprovechar. En su fuero interno, el planteamiento es: «Te trato muy bien para después cobrármelo de alguna manera».
Los tres personajes femeninos que hoy he traído a este pequeño blog encarnan la maldad en diferentes escalas. Los tres saben calcular de manera estratégica con un mismo fin: actuar en su propio beneficio, cada cual con su intención.
Posiblemente, todas las personas, incluso aquellas que sentimos que están orientadas de manera genuina al bien común, tienen momentos o toman decisiones movidas por la sombra. Pero incluso en esas situaciones o experiencias, su conciencia moral o su empatía les van a ayudar a reconducir sus vidas, transformando sus vivencias en sabiduría a través de emociones que les permitan aprender de ellas.
En cambio, las personas que están más enfocadas u orientadas hacia su propio beneficio son seres humanos que, aunque puedan ser inteligentes a nivel racional, las sientes planas. Por muy bien que se muestren socialmente… no hay una profundidad moral ni emocional.
Cuando estamos conectados con nuestro corazón y con nuestras emociones genuinas, estamos vivos, porque sentimos un amplio registro de sensaciones y emociones, y somos conscientes de ellas. Incluso las emociones más incómodas, como la envidia, los celos, la ira, la malicia o la venganza, pueden convertirse en una fuente de sabiduría si nos responsabilizamos de ellas.
Y tú, ¿qué opinión tienes al respecto? ¿Puedes ver en ti la sombra de la maldad o crees que los seres humanos son benignos sin más por naturaleza?